
Después de las experiencias de vida, todo lo aprendido y todo lo conocido llegó el momento de volver a la realidad. De partir de ese hermoso cielo que se cruzó por nuestros caminos. De dejar a esos ángeles que cambiaron por completo nuestras vidas; de decir adiós y dejar todo lo sucedido en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.
Había llegado el día que nadie quería que llegara, el día de la despedida; de volver al presente sin olvidar el pasado. Ese lunes 22 de Diciembre del 2008 el grupo de Misioneros en Chita se dividía en 2. Los que se iban a pasar 24 con sus familias y los que tuvieron la fortuna de quedarse a compartir esta fecha con los ángeles.
Había llegado el día que nadie quería que llegara, el día de la despedida; de volver al presente sin olvidar el pasado. Ese lunes 22 de Diciembre del 2008 el grupo de Misioneros en Chita se dividía en 2. Los que se iban a pasar 24 con sus familias y los que tuvieron la fortuna de quedarse a compartir esta fecha con los ángeles. Ese día nos dispusimos a arreglar nuestro equipaje, a descansar, a pensar en todo lo que había sucedido y a organizar el que había sido nuestro hogar para que algún día alguien volviera a ocupar nuestro lugar.
Fue un día de reflexión, de compartir con todos los niños, de hablar y escuchar las últimas experiencias por parte de los más viejos, de recorrer los más recónditos lugares de Chita para lograr mantenerlo presente en nuestras vidas.
Llegó la hora de despedirnos de la comunidad. Tal como nos recibieron nos despidieron; con una hermosa eucaristía donde nos hacían sentir lo importantes que fuimos y lo que logramos cambiar con nuestra llegada. Al terminar la misa sólo quedaba agradecerles a todos por ser tan hospitalarios, sólo restaba dar un fuerte abrazo a los que por 10 días fueron nuestra familia.
Llegó la hora de despedirnos de la comunidad. Tal como nos recibieron nos despidieron; con una hermosa eucaristía donde nos hacían sentir lo importantes que fuimos y lo que logramos cambiar con nuestra llegada. Al terminar la misa sólo quedaba agradecerles a todos por ser tan hospitalarios, sólo restaba dar un fuerte abrazo a los que por 10 días fueron nuestra familia.
Sólo palabras de agradecimiento salen de los labios de los niños, recordándonos que siempre nos van a mantener en sus corazones y que nunca nos van a olvidar, haciéndonos prometerles que no los vamos a dejar en el olvido y que algún día volveremos. Rompemos en un llanto indescriptible, confundidos en una mezcla de alegría y tristeza; lloramos por que nos vamos, pero agradecemos por lo que pasó. Sentimos que el pedacito de cielo lo habíamos alcanzado y que Muestra oportunidad de aprovecharlo ya había terminado; sólo restaba esperar a que otros seres tan afortunados como nosotros pudieran y tuvieran la suerte de pisar ese cielo.

En mi memoria quedó ese 23 de Diciembre de 2008, cuando a las 5:00 a.m. en el centro de Chita, me despedí de esa gran experiencia de vida.
Sólo me resta decir que conocí un pedacito del cielo y a todos sus habitantes, esos ángeles con los que algún día, en algún lugar espero volverme a encontrar.
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