Fue así como ese sábado salimos a las 7:00 a.m. en busca de ese lugar tan fascinante del que nos habían hablado. Dos de mis compañeras se encontraban un poco enferma
s y eso dificultó la subida a la laguna, pues teníamos que detenernos constantemente. El camino por el que teníamos que subir estaba en pésimas condiciones (barro, piedras, abismos, charcos) pero el paisaje que nos rodeaba junto con el sol que estaba en todo su esplendor opacaba ese pequeño detalle.
s y eso dificultó la subida a la laguna, pues teníamos que detenernos constantemente. El camino por el que teníamos que subir estaba en pésimas condiciones (barro, piedras, abismos, charcos) pero el paisaje que nos rodeaba junto con el sol que estaba en todo su esplendor opacaba ese pequeño detalle. Eran las 10:00 a.m. y según un señor que nos estaba acompañando y que estaba haciendo las veces de guía ya debíamos haber llegado a la laguna, pero por los retrasos no íbamos ni en la mitad del camino y se nos estaba haciendo tarde. Seguimos caminando por el páramo pasando por frailejones y la diversidad de plantas que podíamos encontrar allí. La gran mayoría de nosotros estábamos muy cansados y no veíamos la hora de llegar a la laguna.
De pronto, llegamos a la cima
de una montaña y cuando miramos al frente vimos una laguna enorme de aguas cristalinas enmarcada por unas montañas hermosas; por la inmensidad de la Laguna de Eucas no se alcanzaba a ver el final desde el lugar donde nos encontrábamos. Sentimos que por fin habíamos tocado el cielo; se sentía una paz inexplicable; la brisa golpeaba suavemente nuestros rostros… se sentía una plenitud incomparable.
de una montaña y cuando miramos al frente vimos una laguna enorme de aguas cristalinas enmarcada por unas montañas hermosas; por la inmensidad de la Laguna de Eucas no se alcanzaba a ver el final desde el lugar donde nos encontrábamos. Sentimos que por fin habíamos tocado el cielo; se sentía una paz inexplicable; la brisa golpeaba suavemente nuestros rostros… se sentía una plenitud incomparable. Nos quedamos allí hasta las 3:00 p.m. disfrutamos el paisaje, tomamos muchas fotos y agradecimos a Dios por la oportunidad que nos había dado. Finalmente llego el momento de bajar del cielo dejándolo en nuestras memorias y en nuestros corazones.

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