sábado, 14 de marzo de 2009

¡Chita (Boyacá) si existe!

Diciembre 14 de 2008

La hora de salida era a las 6:15 a.m. Era el día en que íbamos a dar inicio a una experiencia inolvidable. Las reglas eran claras: ropa cómoda pero abrigada, implementos de aseo personal, cobijas, linterna y sólo lo necesario, además de todas las ganas y la energía para vivir la experiencia.

Salimos a las 7:00 a.m. en el bus de la empresa Expreso Paz del Rio, la cual es la única empresa que llega hasta ese lugar. Oramos y pedimos a Dios para que nos acompañara en esta experiencia y que los días que íbamos a vivir fueran inolvidables para nuestras vidas; Pedimos sabiduría, entendimiento y fortaleza, porque lo que se venia no era nada fácil.

Éramos 21 personas que hacíamos parte de esta Misión de las cuales 18 salíamos de Bogotá y las otras 3 sería recogidas en Tunja. La gran mayoría de personas que íbamos no nos conocíamos unas con otras, por lo que el reto era aún mayor; lograr convivir durante 10 días con 20 personas completamente desconocidas y cumplir el objetivo por el que íbamos a Chita.


A las 11:00 a.m. llegamos a Tunja para encontrarnos con los 3 misioneros que hacían falta y partimos rumbo a Chita (Boyacá) pasando por Duitama, Santa Rosa de Viterbo y Belén; a este último lugar llegamos a la 1:00 p.m. El bus se desvió del camino el cual se encontraba bien pavimentado, y cogió por una trocha sin pavimentar, con abismos a lado y lado y en pésimas condiciones pasando por los municipios de Paz del Río, Socha, Socotá, Jericó y Cheva.

Por este camino anduvimos cuatro horas; Estábamos en un lugar completamente desolado y no se alcanzaba a divisar casas o vida alguna. El cansancio por las largas horas de viaje ya se hacía presente en los rostros de muchos de mis compañeros. De vez en cuando se veía alguna cabrita o caballo acompañados por la vegetación seca pero imperante del lugar. Por el camino fueron subiendo al bus algunos campesinos, y aunque a nosotros nos parecía inimaginable que pudiera existir un municipio tan lejos y apartado de todo, estos campesinos fueron quienes nos afirmaban que Chita si existía y que faltaba muy poco por llegar.

Eran las 5:00 p.m. y se estaban cumpliendo diez horas de viaje, cuando a lo lejos se veía la punta de la iglesia del lugar que por tanto tiempo estuvimos esperando. Desde el momento que vimos el pueblo transcurrió media hora hasta llegar a nuestro lugar de destino.
Sin siquiera haber bajado del bus, todos sentíamos que ese lugar era mágico y que definitivamente iba a ser una experiencia inolvidable. La espera valió la pena y por fin Chita pasaba de ser una ilusión a convertirse en una hermosa realidad…

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