domingo, 15 de marzo de 2009

Llegó la hora de la despedida


Después de las experiencias de vida, todo lo aprendido y todo lo conocido llegó el momento de volver a la realidad. De partir de ese hermoso cielo que se cruzó por nuestros caminos. De dejar a esos ángeles que cambiaron por completo nuestras vidas; de decir adiós y dejar todo lo sucedido en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.

Había llegado el día que nadie quería que llegara, el día de la despedida; de volver al presente sin olvidar el pasado. Ese lunes 22 de Diciembre del 2008 el grupo de Misioneros en Chita se dividía en 2. Los que se iban a pasar 24 con sus familias y los que tuvieron la fortuna de quedarse a compartir esta fecha con los ángeles.

Ese día nos dispusimos a arreglar nuestro equipaje, a descansar, a pensar en todo lo que había sucedido y a organizar el que había sido nuestro hogar para que algún día alguien volviera a ocupar nuestro lugar.

Fue un día de reflexión, de compartir con todos los niños, de hablar y escuchar las últimas experiencias por parte de los más viejos, de recorrer los más recónditos lugares de Chita para lograr mantenerlo presente en nuestras vidas.

Llegó la hora de despedirnos de la comunidad. Tal como nos recibieron nos despidieron; con una hermosa eucaristía donde nos hacían sentir lo importantes que fuimos y lo que logramos cambiar con nuestra llegada. Al terminar la misa sólo quedaba agradecerles a todos por ser tan hospitalarios, sólo restaba dar un fuerte abrazo a los que por 10 días fueron nuestra familia.

Sólo palabras de agradecimiento salen de los labios de los niños, recordándonos que siempre nos van a mantener en sus corazones y que nunca nos van a olvidar, haciéndonos prometerles que no los vamos a dejar en el olvido y que algún día volveremos. Rompemos en un llanto indescriptible, confundidos en una mezcla de alegría y tristeza; lloramos por que nos vamos, pero agradecemos por lo que pasó.


Sentimos que el pedacito de cielo lo habíamos alcanzado y que Muestra oportunidad de aprovecharlo ya había terminado; sólo restaba esperar a que otros seres tan afortunados como nosotros pudieran y tuvieran la suerte de pisar ese cielo.

En mi memoria quedó ese 23 de Diciembre de 2008, cuando a las 5:00 a.m. en el centro de Chita, me despedí de esa gran experiencia de vida.

Sólo me resta decir que conocí un pedacito del cielo y a todos sus habitantes, esos ángeles con los que algún día, en algún lugar espero volverme a encontrar.

¡Llegamos a la cima del cielo!

Para el sábado 20 de diciembre planeamos una caminata hacia la Laguna de Eucas, un lugar poco visitado por las personas debido a su lejanía y al profundo respeto que le tienen, pues según las leyendas, en la laguna hay ruinas de un pueblo y hay un tesoro el cual han intentado sacar y quienes lo han hecho han muerto en el intento. La invitación para ir a la salida se extendió a todos los habitantes del pueblo, quienes muy amablemente nos decían que el camino era muy pesado y que ellos no aguantarían, que Eucas era un lugar mágico y que iban a orar por el bienestar de cada una de las personas que íbamos a emprender la marcha; que iban a estar esperando nuestro regreso y que tomáramos muchas fotos pues era un lugar increíble.

Fue así como ese sábado salimos a las 7:00 a.m. en busca de ese lugar tan fascinante del que nos habían hablado. Dos de mis compañeras se encontraban un poco enfermas y eso dificultó la subida a la laguna, pues teníamos que detenernos constantemente. El camino por el que teníamos que subir estaba en pésimas condiciones (barro, piedras, abismos, charcos) pero el paisaje que nos rodeaba junto con el sol que estaba en todo su esplendor opacaba ese pequeño detalle.

Eran las 10:00 a.m. y según un señor que nos estaba acompañando y que estaba haciendo las veces de guía ya debíamos haber llegado a la laguna, pero por los retrasos no íbamos ni en la mitad del camino y se nos estaba haciendo tarde. Seguimos caminando por el páramo pasando por frailejones y la diversidad de plantas que podíamos encontrar allí. La gran mayoría de nosotros estábamos muy cansados y no veíamos la hora de llegar a la laguna.

De pronto, llegamos a la cima de una montaña y cuando miramos al frente vimos una laguna enorme de aguas cristalinas enmarcada por unas montañas hermosas; por la inmensidad de la Laguna de Eucas no se alcanzaba a ver el final desde el lugar donde nos encontrábamos. Sentimos que por fin habíamos tocado el cielo; se sentía una paz inexplicable; la brisa golpeaba suavemente nuestros rostros… se sentía una plenitud incomparable.

Nos quedamos allí hasta las 3:00 p.m. disfrutamos el paisaje, tomamos muchas fotos y agradecimos a Dios por la oportunidad que nos había dado. Finalmente llego el momento de bajar del cielo dejándolo en nuestras memorias y en nuestros corazones.




¿Cómo hacer Misión en el pedacito de cielo?

Durante los días que estuvimos en Chita aprendimos a escuchar más y a hablar menos, conocimos diferentes formas de vida, diferentes culturas y costumbres. Logramos ser parte por unos días de las vidas de los habitantes de ese mágico lugar. Intentamos brindarles alegría, calidez humana, amor y compañía recibiendo como respuesta una sonrisa en sus rostros y la plena seguridad que no nos van a olvidar. El trabajo esos días era fuerte; lograr llegarles a los niños, jóvenes y adultos por medio de actividades con el único fin de poder compartir con ellos la época de navidad.

El primer día de trabajo todos los misioneros estábamos llenos de expectativa pues si todo salía bien con las actividades que teníamos planeadas, la misión iba a ser un éxito, pues lo más importante es el trabajo con la comunidad. Todos nos planteábamos el mismo interrogante ¿Cómo trabajar con esos ángeles en el pedacito de cielo donde nos encontrábamos si se vislumbraba tan perfecto?

Ese día invitamos a los niños por todos los medios posibles a las actividades que íbamos a realizar; la cita era a las 2:00 p.m. hora en la que sin saber, daban inicio a las festividades del pueblo con una tradición conocida como “los chivos o matachines”, por lo que la cantidad de niños que esperamos disminuyó notablemente.

El pueblo se encontraba en un ambiente carnavalesco y muchos de los asistentes preferían estar en esas celebraciones que en las actividades que los misioneros habíamos preparados, lo cual era entendible. Al principio los habitantes intentaron integrarnos con la tradición pero al recordar que teníamos cosas que hacer decidimos seguir nuestro plan de trabajo haciendo estrategias que no interrumpieran las festividades.


Decidimos llevar a los niños a nuestro hogar, el Seminario Menor, y en la que alguna vez fue la cancha de Voleibol comenzamos a hacer actividades de recreación e integración. Muchos de los niños nos abrieron sus corazones y nos contaron las condiciones en las que viven; nos mostraron que el pedazo de cielo no era tan perfecto como nosotros pensábamos. Finalmente acordamos que íbamos a encontrarnos todos los días a las 11:00 a.m. en la cancha de micro para realizar actividades y juegos, a lo que los niños respondieron encantados; nadie había hecho eso por ellos.

Bailamos, cantamos, pintamos, dibujamos, actuamos, nos disfrazamos e hicimos muchísimas cosas para que los niños sintieran esa navidad de una forma diferente; creo que encontramos la forma correcta de trabajar con esos angelitos del pedazo de cielo. Pero así mismo conocimos experiencias de vida de esos angelitos; un niño que a sus 4 añitos no puede ver el maravilloso mundo que le rodea, o Manuel un niño de 11 años quien por problemas de nacimiento y falta de asistencia médica en el lugar, no puede caminar y siempre estaba en su silla de ruedas al lado de su hermanita Sandra de 9 años quien era su ángel guardián.



Además del trabajo con los niños realizamos trabajo con la comunidad en general, conocimos a Doña Rosita, una mujer que a sus 103 años no se cansa de ir diariamente a la iglesia, una mujer con una sonrisa carente de dientes pero resplandeciente y con una mirada profunda y penetrante. Planeamos visitas en las mañanas y las personas muy amablemente nos recibían y nos ofrecían lo poco que tenían; en las noches compartimos con las diferentes comunidades reuniéndonos entorno al pesebre rezando la novena. Fueron 10 días compartiendo experiencias y conociendo un poco más un lugar impensable para muchos.

Tocando el Pedacito de Cielo

Cuando tocamos tierra Chitana ya era de noche; El pueblo nos iba a dar la bienvenida por medio de una misa, por lo que sólo tuvimos tiempo de dejar el equipaje en el lugar que desde ese día y hasta el 25 de diciembre iba a ser nuestro nuevo hogar. El seminario Menor, donde durante mucho tiempo se dictaron clases a los niños del pueblo pero que por cosas del destino ya no estaba en funcionamiento. A simple vista era un lugar tenebroso, no tenía luz y se alcanzaban a percibir las historias y vivencias que por años rondaron el lugar, cuando todavía era visitado. En la entrada del seminario quedaba una funeraria y muchos de los salones estaban cerrados, lo que hacía nuestro hogar un lugar mucho más lúgubre. Ese día después de la misa nos llevaron a comer y después volvimos al Seminario a organizarnos en los 2 salones dispuestos para pasar las noches.


Al día siguiente nos levantamos a las 5:00 a.m. pues debíamos empezar a realizar nuestro cronograma de actividades. Para comenzar teníamos que bañarnos con agua muy fría que hacía juego con el clima de Boyacá en horas de la madrugada. La coordinadora nos dio a cada uno la insignia de Misión País Colombia Diciembre 2008, la cual consistía en una camiseta con el logo y una escarapela con nuestros nombres, la cual la teníamos que portar siempre. A las 6:15 a.m. realizamos una pequeña oración poniendo todo nuestro trabajo y esfuerzo en las manos de Dios. Después de eso salimos a hacer el recorrido por el pueblo y ese fue el primer contacto que tuvimos con la gente del lugar.


¡Definitivamente habíamos llegado al cielo! El paisaje que teníamos ante nuestros ojos era increíble; la plaza principal del pueblo tenía palmeras que hacía ver un poco tropical el lugar, y en el centro se encontraba una fuente rodeada de flores y otros árboles que lograban impregnar de romanticismo y fantasía la zona.
A nuestro recorrido se fueron uniendo personas, en su gran mayoría niños, quienes nos querían dar a conocer los diferentes lugares que tenía ese pequeño pueblo.
El escenario en el que nos encontramos era un pedazo de cielo del cual no se tiene memoria, conocimiento ni mucho menos rastro y justamente ese día las puertas de ese pedacito de cielo, se estaban abriendo ante nosotros para darnos la bienvenida.


sábado, 14 de marzo de 2009

¡Chita (Boyacá) si existe!

Diciembre 14 de 2008

La hora de salida era a las 6:15 a.m. Era el día en que íbamos a dar inicio a una experiencia inolvidable. Las reglas eran claras: ropa cómoda pero abrigada, implementos de aseo personal, cobijas, linterna y sólo lo necesario, además de todas las ganas y la energía para vivir la experiencia.

Salimos a las 7:00 a.m. en el bus de la empresa Expreso Paz del Rio, la cual es la única empresa que llega hasta ese lugar. Oramos y pedimos a Dios para que nos acompañara en esta experiencia y que los días que íbamos a vivir fueran inolvidables para nuestras vidas; Pedimos sabiduría, entendimiento y fortaleza, porque lo que se venia no era nada fácil.

Éramos 21 personas que hacíamos parte de esta Misión de las cuales 18 salíamos de Bogotá y las otras 3 sería recogidas en Tunja. La gran mayoría de personas que íbamos no nos conocíamos unas con otras, por lo que el reto era aún mayor; lograr convivir durante 10 días con 20 personas completamente desconocidas y cumplir el objetivo por el que íbamos a Chita.


A las 11:00 a.m. llegamos a Tunja para encontrarnos con los 3 misioneros que hacían falta y partimos rumbo a Chita (Boyacá) pasando por Duitama, Santa Rosa de Viterbo y Belén; a este último lugar llegamos a la 1:00 p.m. El bus se desvió del camino el cual se encontraba bien pavimentado, y cogió por una trocha sin pavimentar, con abismos a lado y lado y en pésimas condiciones pasando por los municipios de Paz del Río, Socha, Socotá, Jericó y Cheva.

Por este camino anduvimos cuatro horas; Estábamos en un lugar completamente desolado y no se alcanzaba a divisar casas o vida alguna. El cansancio por las largas horas de viaje ya se hacía presente en los rostros de muchos de mis compañeros. De vez en cuando se veía alguna cabrita o caballo acompañados por la vegetación seca pero imperante del lugar. Por el camino fueron subiendo al bus algunos campesinos, y aunque a nosotros nos parecía inimaginable que pudiera existir un municipio tan lejos y apartado de todo, estos campesinos fueron quienes nos afirmaban que Chita si existía y que faltaba muy poco por llegar.

Eran las 5:00 p.m. y se estaban cumpliendo diez horas de viaje, cuando a lo lejos se veía la punta de la iglesia del lugar que por tanto tiempo estuvimos esperando. Desde el momento que vimos el pueblo transcurrió media hora hasta llegar a nuestro lugar de destino.
Sin siquiera haber bajado del bus, todos sentíamos que ese lugar era mágico y que definitivamente iba a ser una experiencia inolvidable. La espera valió la pena y por fin Chita pasaba de ser una ilusión a convertirse en una hermosa realidad…

Comienzo de la Aventura


Octubre 30 de 2008


Después de 5 sesiones de formación abrieron los cupos para los diferentes lugares disponibles para ir a hacer Misión en diciembre, entre los que se encontraba Buenaventura, Soacha, Puente Quetame, Cachipay, Chita, San Pablo (Cartagena), Acacias (Meta), entre otros lugares.

Durante los días de formación, se planteaban temas con el fin de lograr un análisis interno, conocernos mejor, entender para que estamos aquí y cual es el llamado que tenemos que cumplir.
Además se hacen talleres con el fin de tomar conciencia de la necesidad que tienen muchos lugares de Colombia y como podemos ayudar cada uno de nosotros. Ese día quedaron conformados muchos de los grupos; había llegado el momento de decidir si hacía parte o no de esta experiencia.

Después de mucho pensarlo, decidí inscribirme para ir a Misión de Diciembre de 2008; las inscripciones ya estaban cerradas y no había cupos para ir a ningún lugar. No se si fue cosa del destino, pero justamente cuando fui había un cupo disponible para ir a Chita (Boyacá). Sin pensarlo dos veces me inscribí. ¡Ese día comenzó una nueva aventura!

En busca de una nueva experiencia de vida

Septiembre 18 de 2008

Durante dos días se llevó a cabo EXPOGRUPOS, una feria donde participaron casi 150 grupos de las diferentes facultades de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Estos grupos muestran en sus stands los trabajos y proyectos que vienen realizando con el fin de darlos a conocer y lograr vincular a los estudiantes de la universidad.
Ese jueves 18 de Septiembre EXPOGRUPOS llegaba a su fin y con el también llegaba la expectativa de saber que puesto iba a ocupar el stand del grupo Misión País Colombia (MPC), grupo al que hacía parte desde ese día, cuando dos de mis amigas me dijeron que si nos inscribíamos teníamos la posibilidad de irnos “de paseo” a Cartagena, y lo mejor… ¡Gratis!

Eran las 4:00 p.m. y llegamos a un grupo de aproximadamente 13 personas, quienes estaban haciendo varias actividades que a simple vista eran un poco aburridas; nos dimos cuenta que pertenecer a ese grupo era más serio de lo que nos imaginábamos, y que para ir al viaje necesitábamos de un período de formación.

En ese momento llego Carlos Andrés Corredor quien es el coordinador general de Misión País Colombia con una alegría indescriptible trayéndonos la buena noticia; El stand de MPC había ocupado el segundo lugar dentro de todas las exposiciones, lo que era un logro muy grande pues además del reconocimiento, daban como premio una suma de dinero que aunque no era mucho, ayudaba con los gastos para las diferentes salidas a Misión.

Después de ese día comencé a sentir un compromiso grande con el grupo; por eso decidí seguir yendo a las formaciones para conocer mejor de que se trataba el proyecto.